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El humanoide verde de Talavera la Real: medio siglo de misterio sin resolver

La madrugada del 12 de noviembre de 1976, dos centinelas abrieron fuego contra una figura luminosa de tres metros dentro de la Base Aérea de Talavera la Real. Al amanecer, cincuenta militares peinaron la zona sin hallar un solo casquillo. El expediente 761112 nunca explicó dónde fueron a parar.
Infografía del caso Talavera la Real 1976: soldados y un perro pastor alemán ante una figura humanoide verde luminosa de noche, con ocho paneles de secuencia, cronología y desclasificación.

La madrugada del 12 de noviembre de 1976, dos soldados españoles abrieron fuego contra una figura luminosa de tres metros de altura en la Base Aérea de Talavera la Real, ante la mirada de un tercero que no llegó a disparar. Cincuenta años después, el expediente desclasificado plantea más interrogantes que respuestas sobre qué ocurrió realmente en la zona de combustible de la instalación militar extremeña.

El sonido que precedió al encuentro en la zona de combustible

Poco después de las 01:45 horas, José Manuel Trejo y Juan Carrizosa se encontraban de guardia en garitas separadas por sesenta metros cuando escucharon un ruido extraño. Los soldados describieron una interferencia radiofónica que después se transformó en un silbido agudo y penetrante que les causaba dolor físico en los oídos. El sonido duró cinco minutos, cesó, y regresó pasado un tiempo con idéntica intensidad y molestia. Ambos militares pensaron que podría tratarse de un intento de sabotaje hacia la instalación que custodiaban.

La claridad en el cielo que desactivó las comunicaciones

Cuando el segundo silbido terminó, los soldados observaron una intensa luz blanca semejante a una bengala que iluminó toda la base durante quince a veinte segundos. En ese mismo momento, el suministro eléctrico y las líneas telefónicas de la zona de combustible se cortaron por completo. Inmediatamente, otro centinela, José Hidalgo, acudió al lugar junto a un perro pastor alemán adiestrado denominado Nerón. El cabo primero Pavón autorizó una inspección del perímetro exterior.

El comportamiento anómalo del perro militar cerca de los eucaliptos

Los tres soldados avanzaron alrededor de 300 metros hacia una zona fronteriza de la base bordeada por una alameda de eucaliptos que servía para camuflar las pistas de aterrizaje. El perro, habitualmente adiestrado para reaccionar ante intrusiones, comenzó a comportarse de manera extraña. Tras detectar sonidos de ramas rompiéndose, lo soltaron para rastrear. El animal se adentró en los eucaliptos pero regresó tambaleante y mareado en varias ocasiones, como si hubiera chocado contra algo invisible. En su última aproximación, el perro adoptó una posición defensiva circulando alrededor de los tres soldados —una técnica de protección que se les enseña ante peligros desconocidos.

El ser de tres metros con brazos en posición de cruz

Trejo relató una sensación de presencia detrás suyo. Al darse la vuelta, a unos quince metros de distancia, vio una silueta humanoide emitiendo luz verde fosforescente de aproximadamente tres metros de altura. La figura aparentaba estar formada por pequeños puntos luminosos de mayor intensidad en los bordes. Tenía una cabeza pequeña que parecía cubierta por una especie de casco, un cuerpo grueso, brazos extraordinariamente largos en posición de cruz, y carecía de manos y pies claramente delimitados. El soldado intentó elevar su arma para disparar, pero experimentó un bloqueo físico repentino acompañado de mareo que lo hizo caer al suelo.

Los casi cincuenta disparos que desaparecieron sin dejar rastro

Sus compañeros José Hidalgo y Juan Carrizosa abrieron fuego contra la figura. Según diferentes testimonios posteriores, efectuaron entre cuarenta y cincuenta disparos de subfusiles Z-62 usando dos cargadores de veinte proyectiles cada uno. En el instante de los impactos, la figura aumentó su intensidad lumínica como un destello fotográfico y desapareció de forma similar a cómo se apaga la imagen de un televisor antiguo —cerrándose en un punto. Simultáneamente, el mismo sonido agudo y chirriante escuchado al inicio regresó durante diez a quince segundos.

La búsqueda fallida de cincuenta soldados a la mañana siguiente

Al amanecer, más de cincuenta militares bajo mando de un oficial peinaron la zona donde se había producido el incidente. El resultado fue desconcertante: no localizaron ni un solo casquillo de bala ni impactos en la tapia ubicada inmediatamente detrás de donde había estado la figura. Sin embargo, expertos del Ejército del Aire confirmaron que las armas habían sido efectivamente disparadas. El único hallazgo fue una serie de botellas de vidrio derretidas. Los documentos desclasificados nunca explicaron qué ocurrió con los casi cincuenta proyectiles disparados.

Los episodios de ceguera temporal que aquejaron a Trejo durante semanas

Días después del incidente, Trejo sufrió el primer episodio cuando estaba en el comedor de la base. Exclamó que había poca luz y su visión comenzó a oscurecerse completamente. Fue trasladado al botiquín donde permaneció un día y luego ingresó en el Hospital de Badajoz durante una semana y tres días. Los médicos realizaron análisis de sangre, orina, rayos X e inspecciones oftalmológicas sin encontrar anomalía alguna. Apenas dos días después de recibir el alta, mientras viajaba con su novia, volvió a perder la visión durante quince minutos. Estos episodios se repitieron en el Hospital del Aire de Madrid, donde estuvo ingresado un mes sometido a múltiples pruebas. Los médicos únicamente diagnosticaron "desajustes nerviosos" sin poder explicar la causa.

El sellado de documentos y el silencio forzoso entre testigos

El caso fue inmediatamente clasificado como alto secreto militar. Los cinco soldados fueron interrogados por separado en más de sesenta ocasiones, pero sus relatos permanecieron consistentes. El Ejército les prohibió comunicarse entre ellos durante años. Trejo perdió contacto con dos de sus compañeros —uno vasco y otro catalán— que murieron atropellados en años posteriores. Solo pasadas dos décadas y media pudo abrazar nuevamente a Juan Carrizosa y José Hidalgo, ambos procedentes de Azuaga en Badajoz, cuando finalmente se levantó la prohibición de comunicación. Los documentos de investigación original, cualquier informe judicial y los registros médicos nunca aparecieron en los archivos desclasificados, pese a que se afirmó que un Juez Instructor había investigado los hechos.

Las interpretaciones enfrentadas tras la desclasificación en 1992

Cuando el Ministerio de Defensa desclasificó el expediente en 1992, el caso pasó del ámbito militar restringido a la esfera pública. El periodista J.J. Benítez, quien había publicado un reportaje en la revista Mundo Desconocido en 1977, defendió durante años que los soldados habían presenciado el encuentro con un tripulante de una nave extraterrestre. El escritor navarro recopiló extensamente este caso en sus investigaciones sobre ufología mundial. Sin embargo, Vicente-Juan Ballester Olmos —el único investigador civil que tuvo acceso completo a la documentación clasificada, que consultó en la base de Torrejón entre 1990 y 1999 con autorización del Jefe del Estado Mayor del Aire— argumentó que el mando de la base nunca consideró el suceso como un auténtico avistamiento OVNI sino como resultado de histeria colectiva, pánico extremo y confusión en condiciones de oscuridad absoluta. Ballester Olmos señaló que el expediente se abrió únicamente debido a las solicitudes de información que particulares e investigadores remitieron al Ministerio.

El legado del perro Nerón y las muertes que vinieron después

Nerón, el perro pastor alemán que participó en el encuentro, tenía su propia historia de relevancia. Había participado en la operación que condujo a la captura de Eleuterio Sánchez, conocido como "El Lute", criminal de renombre en la España de los setenta. Iba a ser sacrificado por atacar a un guardia, pero un sargento lo trasladó a Talavera para montar una perrera dentro de la base. Trejo describía al animal como "buenísimo" y lo consideraba el testigo más fidedigno de lo sucedido aquella madrugada. Apenas unos días después del incidente, el perro falleció por inanición, circunstancia que algunos investigadores encontraron coincidencia sospechosa. Igualmente, dos de los soldados implicados murieron en sendos accidentes de tráfico años después, hechos que nunca fueron investigados públicamente.

La provincia de Badajoz como foco anómalo de avistamientos durante los setenta

Entre 1974 y 1980, la provincia de Badajoz concentró el 35 por ciento de toda la casuística OVNI española registrada en cincuenta años, desde 1950 hasta 1999. El incidente de Talavera la Real no fue aislado en la zona. En enero de 1975, un controlador aéreo de la misma base detectó ecos anómalos en la pantalla de radar —siete u ocho ecos móviles que cambiaban de velocidad de forma inexplicable, desde velocidades de avión convencional hasta velocidades de reactor. Aquel incidente fue archivado por el Ministerio sin investigación posterior. En 1967, pilotos que se dirigían a la base sobrevolando Montánchez en Cáceres reportaron un objeto extraño de aspecto cambiante de color gris claro extremadamente brillante.

La desclasificación parcial sin respuestas definitivas

Conviene no confundir dos hechos que suelen contarse como uno solo. La desclasificación propiamente dicha ocurrió entre 1992 y 1999: el Ministerio de Defensa levantó el secreto de 84 expedientes que recogían 122 avistamientos ocurridos entre 1962 y 1995, y ahí es donde el caso de Talavera dejó de ser materia reservada. Lo de octubre de 2016 fue otra cosa: la digitalización y publicación en internet, cuando el Ejército del Aire subió ochenta de aquellos expedientes —unas mil novecientas páginas en total— a la Biblioteca Virtual de Defensa y cualquiera pudo leerlos desde casa. El expediente de Talavera lleva la referencia 761112, que codifica la propia fecha del suceso. Sin embargo, los documentos específicos sobre Talavera presentan censura extensa con numerosos nombres tachados. Los investigadores observaron que muchas páginas contienen solo referencias a solicitudes de información de particulares, reportajes periodísticos fotocopiados y cartas administrativas rechazando proporcionar detalles clasificados. El supuesto informe que un Juez Instructor elevó a la Autoridad Judicial nunca apareció en los archivos desclasificados. El Estado Mayor del Ejército del Aire comunicó mediante oficio que no existía constancia del hecho en sus registros, paradoja notable considerando la existencia del expediente.

La apertura de conciencia que José Manuel Trejo mantiene a los setenta años

Cinco décadas después, José Manuel Trejo, ahora jubilado que imparte clases de guitarra, continúa relatando los hechos sin variación alguna. Ha experimentado lo que él mismo describe como una apertura de conciencia y espiritualidad posterior al evento. Refiere desarrollar capacidades artísticas y ciertas facultades mentales vinculadas a aquella noche. Trejo rechaza categóricamente sugerencias de estar "loco" y transmite su relato sin defensividad, considerándolo parte integral de quién es hoy. Sostiene que el ser le salvó la vida al provocar su caída al suelo un instante antes de que las balas de sus compañeros pasaran rozándole el pelo. Esta interpretación benevolente del encuentro contrasta con la visión de amenaza que muchos ufólogos proyectan sobre tales encuentros.

Un caso que persiste en la indefinición entre lo militar y lo desconocido

Pasados cincuenta años desde aquella madrugada, el incidente de Talavera la Real permanece como uno de los expedientes más enigmáticos de la ufología española. La participación de militares armados en una base aérea operativa, la existencia de documentación oficial, los testimonios consistentes de múltiples testigos y la ausencia de explicación racional convincente han mantenido el caso vivo en círculos especializados. Sin embargo, la falta de pruebas materiales, la ausencia de los proyectiles disparados, la censura de documentos clave y las interpretaciones contrarias mantienen la cuestión en territorio indefinido. Lo ocurrido en la zona de combustible de Talavera la Real aquella noche nunca ha sido definitivamente explicado ni por investigadores escépticos ni por defensores de la hipótesis extraterrestre, dejando un vacío que medio siglo de análisis no ha logrado cerrar.