CEFAA: Chile, el Único País del Mundo con una Unidad Oficial Investigando OVNIs
En 1997, mientras la mayoría de gobiernos del mundo negaba, archivaba o ignoraba los avistamientos de fenómenos aéreos no identificados, Chile hizo algo completamente distinto: creó un organismo oficial del Estado para investigarlos. No fue una iniciativa marginal ni conspirativa. Fue una respuesta institucional de la Dirección General de Aeronáutica Civil, con pilotos militares, controladores de tránsito aéreo y académicos. Y sus archivos desclasificados revelan casos que ninguna agencia se atrevió a cerrar.
Cómo nació el CEFAA
La historia oficial chilena comienza antes de 1997. En 1968, la Oficina Meteorológica Nacional creó la primera Comisión Chilena para Estudios de Fenómenos Espaciales No Identificados, que durante siete años registró más de veinte casos en distintas regiones del país. Pero fue en 1997 cuando todo cambió.
En marzo y abril de ese año, una oleada de avistamientos masivos en Arica fue transmitida en directo por televisión. Los controladores del Aeropuerto Chacalluta confirmaron haber visto luces desplazándose sobre el cielo nocturno. La presión mediática fue tal que el Gobierno no pudo ignorarlo. El 3 de octubre de 1997, la Resolución Nº 01599 creó oficialmente el Comité de Estudios de Fenómenos Aéreos Anómalos — CEFAA.
Lo que lo hacía diferente a cualquier otra iniciativa del mundo era su composición: pilotos civiles y militares, controladores aéreos, meteorólogos, astrofísicos, químicos, ingenieros aeronáuticos y psicólogos. Cada avistamiento se sometía a un protocolo riguroso. Nada se cerraba con una hipótesis débil.
Pilotos militares contra lo inexplicable
El 2 de diciembre de 1988, sobre el valle de Azapa en Arica, un piloto militar en un T-41 recibió el aviso de la Torre de Control: había un objeto estacionario visible desde tierra, confirmado por radar desde Iquique. El piloto ascendió a 12.000 pies y describió un objeto triangular que brillaba por reflejo del sol.
No fue el único en verlo. Dos pilotos civiles en un Cessna 337 ascendieron a 18.000 pies y confirmaron la forma triangular. Una aeronave militar desde Iquique subió a 25.000 pies con el mismo resultado. Finalmente, un caza F-5 alcanzó los 51.000 pies y detectó el objeto a unas 93 millas náuticas al sureste de Arica, estimando su altitud en 85.000 pies y su diámetro entre 5.000 y 6.000 metros — el equivalente a ocho estadios nacionales juntos.
El objeto permaneció sobre Arica durante horas, observado de forma independiente por pilotos militares y civiles con equipos sofisticados, antes de desaparecer de forma repentina a las 16:00 horas. No hubo pánico, no hubo secretismo: hubo informes, protocolos y archivos. Siete años después, en 2007, el piloto del T-41 fue entrevistado de nuevo. Describió exactamente lo mismo que en 1988. Sin contradicciones. Sin dudas.
En marzo de 2000, sobre la zona de Angostura, una aeronave militar Citation II observó dos objetos. El segundo mantuvo vuelo paralelo durante dos minutos a la misma altitud. Los pilotos lo describieron como alargado, de color plomizo, sin contornos definidos, similar a una nube lenticular pero con comportamiento imposible para cualquier fenómeno meteorológico. Fue detectado por radar en Santiago. Sus movimientos y velocidades descartaban cualquier aeronave convencional conocida. Conclusión oficial: objeto volador no identificado.
En diciembre de 2001, a 300 kilómetros sobre el Océano Pacífico, a 37.000 pies de altitud, la tripulación de un vuelo comercial Perú-Chile observó durante nueve minutos tres luces en formación triangular equilátero. Al aproximarse, las luces cambiaron de blanco a verde. Un oficial de la Fuerza Aérea a bordo describió tres objetos rectangulares de coloración verde en formación perfecta, desplazándose rectilíneamente sin alterar trayectoria. Los equipos de abordo funcionaron con normalidad. No hubo registro de radar ni de otra aeronave en la zona. Conclusión del CEFAA: fenómeno anómalo sin identificación posible.
El vídeo del helicóptero militar que cambió todo
En noviembre de 2014, un helicóptero militar chileno captó en vídeo infrarrojo un objeto que nadie ha podido identificar. El caso fue desclasificado y publicado años después, y se convirtió en uno de los más analizados de la historia del CEFAA.
El oficial a bordo describió una estructura plana y elongada con dos reflectores térmicos. Lo que más desconcertó a los analistas fue que el objeto emitía una especie de material en su estela, visible en infrarrojo, cuya naturaleza tampoco pudo determinarse. El comité reunió a químicos, meteorólogos, astrofísicos y analistas de vídeo durante meses. La conclusión fue taxativa sobre lo que el objeto no era: no era un pájaro, no era escombro espacial, no era un insecto, no era un avión, no era un paracaidista, no era un ala delta, no era una anomalía atmosférica.
El general Ricardo Bermúdez, director del CEFAA durante años, lo resumió así: "No sabemos qué era, pero sabemos qué no era." Y añadió: "Fue uno de los casos más importantes en mi carrera porque el CEFAA estuvo en su mejor forma."
Casos históricos: la Antártida también tiene testigos
Antes de que existiera el CEFAA, Chile ya acumulaba casos imposibles de ignorar. En enero de 1956, en la Isla Roberts, en la Región de Magallanes, cuatro testigos — dos científicos, un ayudante y un sargento de la Armada — observaron dos objetos metálicos en forma de puro, en posición vertical, perfectamente quietos, reflejando la luz del sol. Uno de ellos tomó posición horizontal y voló hacia el oeste, perdiendo su tinte metálico para volverse casi ultravioleta antes de desaparecer. El Air Technical Intelligence Center estadounidense envió un cuestionario extenso a los testigos. No llegó a ninguna conclusión.
En junio de 1965, nueve miembros de la Base Antártica Pedro Aguirre Cerda en la Isla Decepción observaron un objeto en forma de lenteja que desprendía luces rojas, verdes, amarillas, azules, blancas y naranjas, moviéndose entre Este y Oeste durante veinte minutos. La Base Orcadas argentina reportó un avistamiento similar en el mismo momento. La investigación posterior identificó el objeto como el satélite Echo II — un enorme globo de plástico aluminizado altamente reflectante. Uno de los pocos casos de la historia del CEFAA que encontró explicación definitiva.
Por qué Chile lo hizo y el resto del mundo no
La misión del CEFAA no era buscar extraterrestres. Era proteger la seguridad de los 500.000 vuelos anuales que operaban en un espacio aéreo de 32 millones de kilómetros cuadrados, desde Arica hasta la Antártida. Cuando un piloto reportaba un objeto no identificado, alguien tenía que responder: ¿hay riesgo de colisión? ¿hay que cerrar espacio aéreo? ¿es un fenómeno natural o algo sin identificación?
La Fuerza Aérea chilena consideraba que investigar estos fenómenos era una responsabilidad institucional. Generales de brigada aérea se sentaban en las mismas mesas que astrofísicos y meteorólogos. El ridículo no era un obstáculo. Eso contrastaba radicalmente con agencias como el Proyecto Libro Azul estadounidense, que registró 12.618 avistamientos entre 1947 y 1969 y dejó 701 sin identificar antes de cerrarse sin explicación pública. La misma conexión entre fenómenos aéreos anómalos e instalaciones militares que el Pentágono acaba de reconocer en sus archivos desclasificados de mayo de 2026, Chile la estaba investigando formalmente desde hace décadas.
La desclasificación de 2019
En septiembre de 2019, el CEFAA publicó digitalmente 14 casos seleccionados que abarcaban desde 1956 hasta 2018. Fue la apertura más significativa de un organismo gubernamental latinoamericano en materia de fenómenos aéreos anómalos.
Pero la desclasificación no trajo respuestas definitivas. La mayoría de casos cerraban con la misma frase: "La información disponible no permitió definir el origen del fenómeno anómalo reportado." Y esa honestidad era exactamente lo que diferenciaba al CEFAA del resto: es preferible admitir ignorancia que fabricar explicaciones débiles para cerrar un expediente.
El legado
Hoy el CEFAA opera bajo el nombre SEFAA — Servicio de Estudios de Fenómenos Aéreos Anómalos — y continúa activo. Es el único organismo gubernamental del mundo que investiga fenómenos aéreos no identificados de forma continua, con participación de expertos multidisciplinares y publicación pública de resultados.
Mientras el Pentágono tardó décadas en reconocer que los UAPs existían y merecían investigación seria, Chile lleva casi treinta años haciéndolo. Sin escándalos. Sin conspiraciones. Con método científico y expedientes abiertos.
La pregunta que queda en el aire es la misma que se hacen los investigadores desde 1997: si Chile pudo hacerlo, ¿por qué el resto del mundo tardó tanto?
¿Conocías el CEFAA? ¿Crees que otros gobiernos deberían crear organismos similares o prefieres que estos fenómenos se investiguen desde fuera de las instituciones? Déjalo en los comentarios.